Celina sonrió en medio del llanto. Era como escuchar el final de una sinfonía larga y dolorosa, pero finalmente en armonía. La redención de Emma era evidente.
—Él me hizo volver a estudiar. Cursé Psicología. Después, Derecho. Conseguí trabajo en la Universidad… y hoy soy rectora. Todo fue gracias a él, que ayudó a una mujer que no tenía nada que ofrecer, y también a mis ganas de cambiar.
Emma miraba ahora a su hija con orgullo en los ojos. Sí, había dolor en sus recuerdos, pero también una fuer