Ella se levantó otra vez, esta vez sin resistencia. Aún sonreía, pero el corazón le latía descompasado: una mezcla de nervios y expectación que la hacía sentirse viva de un modo distinto. Retiró la campana de cristal que cubría las dos copas de mousse de chocolate con fresas frescas. Las manos le temblaban apenas.
Arthur la observaba en silencio, los ojos siguiéndola como si cada movimiento suyo fuera una danza creada solo para él. En esa mirada había respeto, pero también deseo contenido, aler