En la madrugada del martes, algo distinto sucedió. Arthur, con ternura y un deseo contenido, supo exactamente cómo acercarse. Y Zoe cedió. Hicieron el amor — por segunda vez desde que habían vuelto. Fue intenso, silencioso, lleno de sentimiento. Luego se quedaron dormidos. Pero Arthur no logró conciliar el sueño por mucho tiempo.
El amanecer apenas despuntaba. Zoe dormía profundamente. La sábana cubría su cuerpo solo hasta la cintura, dejando al descubierto su espalda desnuda. Estaba recostada