Arthur habló con esfuerzo, la voz cargada de culpa:
—Me odio por todo. Por cada mentira, por cada silencio, por no haberte dado elección. Pero, lamentablemente, no puedo volver atrás y cambiar nada. Vas a encontrar a un hombre bueno, Zoe… alguien que te ame, te respete y te haga feliz.
—De nada sirve odiarte ahora, Arthur. Deberías haber pensado en eso cuando te acostaste con ella. Cuando creíste que podías controlarlo todo. Yo ya no soy esa mujer llena de sueños, la que creía en el amor. Aquel