Arthur la observaba como quien contempla su propio castigo. Sabía que merecía cada palabra. Pero lo que Zoe no sabía era que, todas las noches, él lloraba por dentro. Lloraba por ella. Por la vida que había perdido.
—Destruiste todo, Arthur. ¡Todo! —gritó ella, la voz quebrada—. Nuestra historia, mi amor por ti… la confianza. ¡Destruiste mi vida!
Él cerró los ojos, como si cada palabra abriera una nueva herida.
—Tú elegiste ir a esa despedida. Sabías perfectamente lo que Sabrina estaba haciendo