Sabrina se levantó, acomodó el bolso y sonrió.
—Ya verás que te hice un favor. Porque él siempre va a volver a mí, siempre va a tocar a mi puerta. Y yo, como siempre, no voy a impedir que entre. Mientras tú te negabas a acostarte con él, a darle un hijo, era conmigo con quien se desahogaba. Especialmente en tu viaje a Estados Unidos. Fue conmigo que hizo el tan soñado heredero. Mira, hasta te aplaudo… por aceptar semejante humillación —dijo Sabrina con un sarcasmo venenoso.
—Y yo te aplaudo a t