Arthur estaba inmóvil, sentado al borde de la cama, la sábana enrollada en la cintura, los ojos desorbitados y la respiración entrecortada. Todo le parecía una pesadilla que no terminaba. Cerró los ojos, se llevó las manos a la cabeza y trató, con todas sus fuerzas, de recordar qué había pasado realmente. Fragmentos desordenados venían a su mente: música alta, copas brindando, un baile con Sabrina, más alcohol…
Pero nada después de eso.
Un leve suspiro a su lado lo hizo congelarse. Giró lentame