Al día siguiente, a la hora del almuerzo, Zoe estaba en el cuarto de la mansión de Thor, sentada en la cama con una bandeja al lado, donde había un plato con frutas cortadas. El celular, apoyado en un soporte, mostraba la videollamada con Arthur. El rostro de él, con ese sonrisita encantadora de siempre, aparecía desde el consultorio, trayendo para Zoe un poco de la presencia que tanto extrañaba.
—Amor, ¿puedes creer que el personal del hospital está organizando una despedida de soltero? —dijo