Arthur apartó la tabla de embutidos con un gesto rápido, dejándola en el suelo sin apartar los ojos de ella. Zoe sonrió, sintiendo cómo se le aceleraba el corazón.
—Cuidado, doctor… —bromeó ella, con la voz cada vez más baja.
—Ya no hay vuelta atrás, señorita Zoe. Estás atrapada conmigo en esta cabaña hasta nuevo aviso.
—¿Y cuál sería ese aviso?
Arthur la atrajo con suavidad hasta su regazo, dejando que sus manos la exploraran despacio. Besaba su nuca, los hombros, el rostro, mientras ella se e