La luz suave de la mañana entraba por los ventanales de la mansión de Arthur, extendiéndose en franjas doradas por el dormitorio elegante y silencioso. Zoe dormía tranquilamente, con el cabello suelto sobre la almohada y las sábanas blancas cubriendo su cuerpo menudo. Arthur, despierto desde hacía rato, la observaba en silencio con una sonrisa serena.
Se acercó despacio y se tumbó a su lado. Los besos suaves que depositó primero en su hombro y luego en su mejilla hicieron que ella se moviera, c