Isabela permaneció en silencio, con la mirada clavada en el suelo.
—Necesitas controlarte —continuó Angélica, ahora con voz más suave—. Tus actitudes están echando todo a perder. Thor está enfermo, debilitado, y tú transformaste la casa en un campo de batalla. No pensaste en él. Ni en el bebé. Ni en ti misma. Eso no es amor, Isabela, es descontrol.
—¡Yo solo quiero proteger mi relación! —replicó ella, con la voz temblorosa.
—Entonces escucha lo que te digo con el corazón abierto —Angélica se ac