Thor conducía como un loco por las calles de la ciudad, con los pensamientos atropellándose unos a otros. Estaba desesperado por llegar hasta su madre, pero no podía evitar que la imagen de Celina invadiera su mente. Sus brazos aún recordaban el roce de ella, y sus ojos… aquellos ojos que parecían desnudarle el alma, incluso sin querer.
Cuando llegó a la mansión de la familia, metió el coche en la cochera y corrió hacia dentro. Encontró a Raúl en la sala, visiblemente abatido.
—¿Dónde está? —pr