Aquella tarde, Celina no volvió a ver a Thor. Desde la conversación fría, sentía el pecho cargado como si llevara una losa de cemento. Las palabras no dichas resonaban en su mente como tambores apagados, y cada paso dentro de la agencia parecía más pesado que el anterior.
Faltaba poco para terminar la jornada cuando tomó el celular y escribió rápido a Zoe:
“¿Vas a la facultad o directo a casa?”
La respuesta llegó casi al instante:
“¡A casa! Te espero en la recepción.”
Poco después, ya estaban e