Isabela apretó con fuerza la mano de Thor, como si ese contacto pudiera retenerlo allí.
— Quédate… por mí… por nuestro bebé. Te necesitamos. Yo te necesito… Solo hoy. Solo este día. Déjame sentir que aún hay una oportunidad para nosotros…
Thor guardó silencio unos segundos. Sus ojos se clavaron en ella, pero no había dulzura en su mirada. Respiró hondo antes de responder, con una voz baja, firme, sin titubeos:
— Entiendo lo que sientes, Isabela. Pero lo que necesitas ahora no son promesas, sino