Thor avanzó por los pasillos del hospital con paso firme, la mandíbula tensa y los ojos de acero. No dudaba, no temblaba. Pero fue interceptado por una presencia que destilaba odio.
—Si te atreves a maltratar a mi hija otra vez… —gruñó Otavio, apareciendo de repente en el pasillo y bloqueándole el paso— sales de este hospital muerto.
El silencio cortante duró apenas unos segundos. Thor se detuvo. Sus ojos se encontraron con los de Otavio: hielo contra llamas.
—No tengo miedo de tus amenazas, Ot