Leandro, por favoooor… —protestó Agatha, cruzándose de brazos—, déjame hacer mis cosas, ya estoy bien.
—No —respondió él sin dudar, con ese tono firme que usaba cuando se le activaba el modo protector—. No hasta que estés completamente curada, mi niña. Perdiste mucha sangre… y además, ¿qué tiene de malo quedarse en casa y tener un CEO como esclavo personal?
Agatha rodó los ojos con exageración.
—Eres insufrible —murmuró, aunque una sonrisa traicionera apareció en sus labios.
En ese momento, lla