Regreso a casa.
El amanecer cubría Milan con un velo dorado.
El aire era fresco, húmedo, y el sonido distante de los helicópteros retumbaba sobre los viñedos.
La base Moretti estaba más silenciosa que de costumbre, como si incluso las paredes supieran que había llegado la hora de separarse.
En el patio central, Lucien esperaba junto a Lissandro, ambos de pie frente a la pista donde el jet privado de Lucien se preparaba para despegar.
El viento levantaba el polvo del suelo y movía las hojas de los olivos cercan