La noche se cernía sobre la base Moretti, y un silencio pesado dominaba los pasillos.
Las luces estaban atenuadas, las sombras largas se estiraban por el suelo de mármol pulido.
El eco de los pasos de Lissandro resonaba solitario mientras caminaba por el corredor rumbo a su habitación.
Su cuerpo estaba exhausto.
El traje táctico aún olía a pólvora, a humedad, a derrota.
Cada músculo le pesaba como si cargara el mundo entero sobre los hombros.
Habían ganado la batalla, pero no la guerra.
Y la fr