Quiero tener un hijo.
La mañana siguiente, el ambiente en los calabozos era denso y húmedo.
El aire olía a desinfectante, hierro y sangre vieja.
Lissandro avanzaba por el pasillo con paso firme, seguido de cerca por Leandro, cuyos pasos resonaban sobre el suelo de piedra.
—Llegaron los enviados de Bastien —dijo Leandro con una sonrisa ladeada.
—Sí —respondió Lissandro, sin alterar su tono—. ese bastardo ha estado en curaciones, así que debe estar mejor.
Leandro asintió, con esa sonrisa fría aún en los labios.
Empujó