Quieren al Diablo de su lado o en su contra...
La ciudad ardía.
No en llamas visibles, no con incendios que pudieran apagarse con agua, sino con miedo.
Un miedo espeso, que se filtraba por los callejones, por las oficinas clandestinas, por los clubes nocturnos, por cada rincón donde alguna vez se pronunció el nombre de Bruno Cossio.
Todos lo sabían, Lissandro San Marco había dejado de ser un hombre, se había convertido en un demonio, se había vuelto loco desde que le quitaron a la mujer que mantenía a sus demonios en paz.
Durante dos días c