Quieren al Diablo de su lado o en su contra...
La ciudad ardía.
No en llamas visibles, no con incendios que pudieran apagarse con agua, sino con miedo.
Un miedo espeso, que se filtraba por los callejones, por las oficinas clandestinas, por los clubes nocturnos, por cada rincón donde alguna vez se pronunció el nombre de Bruno Cossio.
Todos lo sabían, Lissandro San Marco había dejado de ser un hombre, se había convertido en un demonio, se había vuelto loco desde que le quitaron a la mujer que mantenía a sus demonios en paz.
Durante dos días completos, no hubo tregua, ni negociaciones, ni advertencias previas, cualquier lugar que hubiera tenido el más mínimo vínculo con Bruno; una bodega, un bar, una empresa fachada, un burdel, un puerto, era reducido a silencio, nadie quedaba vivo para contar la historia.
Los rumores corrían como pólvora:
San Marco está limpiando la ciudad.
San Marco se volvió loco.
San Marco está quemándolos a todos.
Los hombres armados huían, las organizaciones se desarmaban, los aliados de Bruno se traicionaban e