Quedé.
La mañana era tibia y clara cuando Anna salió hacia el jardín con Luz a su lado. Luz estaba radiante: esa felicidad nueva le iluminaba el rostro. Las dos avanzaron hacia el jardín del orfanato con paso tranquilo. Los gemelos las vieron desde la entrada y caminaron hacia ellas con calma, como si quisieran que la escena no se rompiera con prisas.
Lissandro rodeó a Anna con un abrazo breve y protector, besando sus labios como siempre.
—¿Cómo les fue? ¿Qué te dijeron, preciosa? —le preguntó Leand