La sala estaba completamente oscura, salvo por el haz de luz que caía sobre Lissandro San Marco.
De pie, impecable, con un traje negro sin una sola arruga, las manos a la espalda, el cabello peinado hacia atrás y la mirada fija en la cámara. Silencio. Solo su respiración.
Joaquín, desde la consola, asintió.
—Estamos en línea. Red oscura activa. Miles conectados.
Lissandro asintió sin hablar.
El símbolo de su organización apareció en la esquina de la transmisión. Los comentarios en el chat explo