El vapor llenaba el baño.
Lissandro se quitó la camisa con lentitud, dejando que el agua caliente limpiara más que su cuerpo. Dejó que el ruido sordo de la lluvia artificial golpeara su piel, mientras el aroma a madera y cítricos del jabón artesanal impregnaba el ambiente.
No había rastros de sangre.
Ni de fuego.
Solo piel impecable, control absoluto, y un rostro sin una sola fisura.
Al otro lado del departamento, Joaquín también salía de la ducha. Vestía una camisa gris, pantalón negro, el cab