Planificando el ataque final.
La tarde caía dorada sobre la mansión Moretti.
El sol atravesaba los ventanales del gran hall, tiñendo el mármol de tonos miel. El aire olía a café recién hecho y pan, la casa entera vibraba con esa energía cálida que solo una familia podía generar.
Anna, Marie y Anny caminaban entre risas por el jardín interior, cuando una voz aguda y alegre rompió la calma.
—¡Papiiiiii!
La pequeña Silvana corrió como un torbellino hacia Silvano, que apenas alcanzó a abrir los brazos antes de que ella se lanza