Piensa con la cabeza.
Las camionetas avanzaban lentamente por el terreno irregular, acercándose al punto exacto donde Noah había detectado la última interferencia. El aire estaba cargado de polvo y ansiedad. Nadie hablaba. Nadie respiraba con normalidad.
Leandro miraba fijo el mapa en la pantalla, los dedos crispados sobre el volante.
Lissandro iba a su lado, el cuerpo inclinado hacia adelante, como si eso pudiera hacerlos llegar más rápido.
De pronto, Joaquín dio un salto desde el asiento trasero.
—¡Aparecieron! —g