El rugido de los motores resonaba suavemente por toda la cabina privada.
El avión de Lucien surcaba las nubes rumbo a Italia, el cielo pintado en tonos anaranjados por el amanecer.
El interior, tapizado en cuero oscuro y madera, tenía ese aire elegante y silencioso que siempre acompañaba los viajes de Lissandro.
Anna estaba sentada junto a la ventana, el rostro bañado por la luz del sol, los auriculares puestos, los labios curvados en una sonrisa dulce.
Lissandro, frente a ella, la observaba co