El sol de la tarde se filtraba a través de las cortinas, tiñendo la habitación con un brillo ámbar.
El aire olía a lavanda y a madera encerada, a hogar.
Era una calma engañosa, el tipo de silencio que precede a una tormenta… o a una sorpresa.
Lissandro empujó suavemente la puerta de su habitación, esperando encontrar a Anna leyendo o descansando.
Pero la escena que lo recibió le heló la sangre por un instante.
Anna estaba de pie frente al armario, una maleta abierta sobre la cama.
Sus manos dob