La empleada amable.
Habían pasado dos días.
Dos días desde que Lucy había marcado la secuencia en el celular de Robert, desde que la pantalla se había puesto negra y su corazón había comenzado a latir con una esperanza peligrosa.
Demasiado peligrosa.
Ahora, mientras caminaba por la habitación con Sebastián en brazos, esa esperanza empezaba a doler.
¿Y si no había funcionado?
¿Y si Joaquín nunca recibió la señal?
¿Y si todo había sido en vano?
Lucy apretó los labios.
No podía permitirse derrumbarse. No ahora.
La puerta se abrió y Robert entró con una sonrisa amplia, casi orgullosa.
—Mi amor —dijo—, quiero presentarte a la nueva empleada.
Lucy levantó la vista, alerta al instante.
—Alicia tuvo un problema de salud y pidió vacaciones —continuó— Ella es Miranda. Será la nueva encargada de ayudarte con Sebastián… así tendremos más tiempo para nosotros.
Lucy sintió que el mundo se detenía.
La mujer dio un paso adelante.
Cabello rojo intenso, pecas suaves en el rostro, una sonrisa dulce, casi ingenua.
Pero Lucy