Cristian llegó al orfanato con un ramo de rosas rojas en la mano. El sol del mediodía le daba en el rostro y su sonrisa era tan evidente que los niños que jugaban en la entrada lo saludaron entre risas. Al cruzar el patio, se encontró con Arthur que venía desde el taller de arte.
—¿Qué pasó? —preguntó Arthur, deteniéndose frente a su hermano.
—Lissandro acabó con él —respondió Cristian con tono seco—. El hijo de Vittorio mandó a alguien a ver los puntos débiles del orfanato. Ahora estamos en la