Agatha se quedó quieta unos segundos, el corazón hecho trizas. Luego miró las fotos en el suelo. Las recogió una por una, analizándolas.
El ángulo, la luz, los encuadres… todo estaba planeado.
—Pagarás por esto —susurró—.
Tomó su celular y marcó el número de Xander.
— ¿Aló? Aggy
— Necesito hablarte.
— Veámonos en el restaurant de siempre, sabrías que entrarías en razón.
Agatha cortó, tomó su abrigo y salió.
El restaurante no estaba lejos.
Xander estaba allí, esperándola, sentado en la terraza, con una sonrisa triunfante en el rostro.
Apenas la vio, se levantó con teatralidad.
—Agatha, sabía que vendrías.
Ella caminó directo hacia él, la mirada dura como el acero.
—¿Qué hiciste?
—¿De qué hablas? —preguntó con falsa inocencia.
—¡No te hagas el imbésil! Las fotos, la cafetería, ese asqueroso beso que me diste… ¡todo fue una trampa!
Xander levantó las manos hacia su pecho fingiendo sorpresa.
—Aggy, por favor, no hagas una escena.
—¿Una escena? ¡Arruinaste mi vida una vez y ahora vuelves a