El día transcurrió más largo de lo habitual.
Agatha había pasado la tarde con las niñas, revisando sus cuadernos, escuchando sus risas, intentando distraerse del torbellino de emociones que aún la sacudía desde su encuentro con Xander.
Pero a medida que el sol se escondía, notó que Leandro no llegaba.
Miró el reloj, luego el celular, le envió un mensaje, luego otro, y otro más.
Nada. Ninguna respuesta.
—Debe estar ocupado trabajando… —se dijo a sí misma, tratando de convencerse.
Esperó unos min