Al otro día, Anna y Lissandro llegaron al hospital para visitar a Lucía y al pequeño Sebastián.
Todo parecía tranquilo hasta que el celular de Lissandro sonó con insistencia.
Miró la pantalla y frunció el ceño.
—Contesta, amor —le dijo Anna con suavidad—. Yo voy subiendo al piso de Lucía.
Lissandro asintió mientras atendía la llamada, caminando hacia un costado del pasillo.
Anna le sonrió antes de tomar el ascensor.
Cuando llegó al piso de maternidad, una enfermera se acercó a ella con una son