El pequeño Sebastián.
Lucía ya estaba más repuesta, con el pequeño en brazos.
La habitación se llenó de una luz suave cuando Lissandro y Anna entraron sonrientes, trayendo flores y frutas para la nueva mamá.
—Mírenlos —dijo Anna con ternura—, parecen una postal.
Lucía sonrió, cansada pero feliz.
—Vengan, conozcan a su sobrino.
Lissandro se acercó con cuidado, asomándose sobre el bebé.
—Es precioso, Lucy. Tiene tus ojos.
—Y la sonrisa de Joaquín —agregó Anna, acariciando la cabecita del pequeño.
De pronto, se escuchó