Conociendo a Emilia.

La puerta se abrió despacio.

La habitación estaba en calma. La luz tenue, suave. Isabella descansaba recostada, con el cabello aún húmedo pero el rostro iluminado de una manera nueva.

En sus brazos, Emilia.

Pequeña. Rosada. Perfecta.

Mich estaba sentado al borde de la cama, sin quitarle los ojos de encima.

Fue Agatha la primera en entrar.

Se detuvo apenas cruzar el umbral.

—¿Puedo…?

Isabella sonrió, cansada pero feliz.

—Ven.

Agatha se acercó lentamente, como si temiera romper algo sagrado con e
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