La sala de la mansión se había vuelto un caos.
Revistas abiertas, catálogos de salones, muestras de telas, fotografías impresas y tabletas encendidas cubrían casi todo el suelo como si una tormenta de papel hubiera pasado por ahí. Sobre la mesa de centro había tazas de café a medio terminar, lápices, notas adhesivas con fechas, nombres y números subrayados en rojo.
Lucy, Anna y Ágatha estaban sentadas sobre la alfombra, cada una concentrada en algo distinto, pero conectadas por la misma emoción