Joaquín abrió los ojos despacio.
La habitación estaba inundada por una luz suave, tibia, de mañana. Por un instante no se movió, como si temiera que todo fuera un sueño frágil que pudiera romperse con el más mínimo gesto.
Giró la cabeza.
Lucy estaba a su lado.
Llevaba una camisola clara, el cabello suelto sobre la almohada, el rostro sereno. En sus brazos, Sebastián se alimentaba tranquilo, prendido a su pecho. Lucy tenía los ojos cerrados, respirando con calma, completamente entregada al insta