Joaquín avanzaba con Lucy y Sebastián en brazos mientras el caos quedaba atrás.
Diana iba unos pasos más atrás, arma en mano, fría y precisa, eliminando a los últimos hombres que intentaban huir entre el bosque. Cada disparo era seco, definitivo. No había dudas. No esta noche.
Arthur arrastraba a Robert como un saco de basura, sin cuidado, sin palabras. El hombre apenas podía quejarse.
Entre el humo y las luces, un hombre con máscara se acercó.
Cuando se la quitó, los ojos grises brillaron bajo