Lancelot extendió la mano para tocar su rostro.
—No… no… no digas eso… patrón… Dionisio…amor… yo solo… yo no puedo decirles la verdad de que soy gay… No ahora…me matarían… te desacreditarian… déjame… déjame estar a tu lado, por favor…y pensemos juntos como salir de esto.
Dionisio lo empujó con fuerza, golpeándolo en el pecho con la palma abierta. Quiso tener un hierro de ganado caliente y estampárselo en la lengua.
—¡Cállate! ¡Cállate ya! ¡Eres un maldito cobarde! ¡Yo si sé lo que debo hacer co