—Estoy liberándote —dijo Dionisio, con una sonrisa fría, sin alzar la mirada mientras sufría tras esa fachada de macho —. Ya no necesito tus servicios. Y tranquilo… no te preocupes… no te causare problemas, tu secreto estará a salvo conmigo. Imagina que solo nos usamos cuando quisimos. Fue divertido mientras estaba duro, pero ya estás. Vete a criar a tu hijo, a ser el buen hombre de familia que sueñas ser.
Las palabras le cayeron a Lancelot como baldes de agua helada. Sintió un vacío inmenso en