Cuando dejaron a Benjamín en la sala de recuperación, pedí pasar un minuto. Román me miró, dudó, y me dejó, analizando que era imposible que alguien me hiciera daño dentro de ese cuarto.
Él abrió los ojos al oír la puerta.
—No venías a verme a la farmacia —bromeó, con una mueca que dolió.
—No —respondí—. Pero gracias por estar.
—No soy un héroe —dijo—. Fui imprudente y actúe por impulso, pero me alegra de ser yo y no tú quien resultara herido.
Me mordí el labio. El pasado tembló un instante, pe