—Alaric... ¿podemos hablar?
La voz de Serena rompió su ensimismamiento.
Estaba de pie en el umbral de la puerta. Había intentado recuperar su atención durante meses, apareciendo en su oficina con excusas banales sobre el abuelo o la empresa Sinclair, pero cada intento solo profundizaba el abismo.
Incluso había insistido en volver a la mansión Blackwood, con la excusa de no querer dejarlo solo.
Alaric ni siquiera levantó la mirada de su escritorio, había llegado hacia poco a su hogar y no estaba