Alaric caminó hacia el ventanal, apretando su mano herida hasta que el dolor físico superó al emocional. Miró hacia el horizonte, imaginando las calles de Florencia.
—Crees que has ganado, Daniel —murmuró Alaric para la ventana—. Crees que puedes esconderla para siempre tras tus muros de logística y seguridad. Pero olvidas quién soy.
Se giró hacia Jaxon, su expresión transformándose en una de resolución gélida y obsesiva.
La desesperación había dado paso a una estrategia de cazador.
—Daniel, ll