El abuelo Blackwood, apoyado en su bastón de ébano, salió con una sonrisa que no llegaba a ocultar su agudeza.Su mirada, cargada de expectativas, se posó en la pareja.Al segundo siguiente, Alaric reaccionó por puro instinto de supervivencia social.Extendió el brazo y rodeó la cintura de Seraphina con una fuerza autoritaria e irresistible, atrayéndola hacia su costado.Se inclinó, rozando su cabello, y le susurró al oído con una suavidad que quemaba: —Te ves aceptable, por lo menos sabes cómo comportarte, así que sigue con tu papel y sonríe, el abuelo nos está mirando.El aliento cálido rozó su oreja, pero Seraphina sintió un escalofrío gélido.Podía sentir el calor de su palma a través de la tela del vestido, pero no había ni un ápice de sinceridad en el gesto; solo era una ternura fingida, una farsa coreografiada para el patriarca.El salón de banquetes estaba resplandeciente.Las luces de cristal vibraban con el murmullo de la élite: magnates, políticos y celebridades se mezclaba
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