(UN AÑO DESPUÉS)
El sol de la Toscana se filtraba a través de los ventanales de la villa en las colinas de Fiésole, con una calidez que Seraphina nunca había sentido en la gélida mansión Blackwood.
El silencio aquí no era opresivo; estaba lleno de vida, del aroma a romero fresco y del suave murmullo de la brisa entre los olivos.
Seraphina observaba las dos cunas de madera clara situadas en el centro de la estancia.
Habían pasado exactamente cien días desde que el mundo se detuvo para dar paso a