Alaric buscó por un breve segundo la mirada de Seraphina.
Ella lo miraba a través de sus lágrimas, esperando quizás un gesto de humanidad, un reconocimiento del dolor compartido.
—Lo entiendo, padre —respondió Alaric con voz monótona—. No habrá filtraciones.
En ese momento de máxima tensión, el padre de Seraphina, llegó apresuradamente por el pasillo.
No traía palabras de consuelo, ni una mirada de preocupación por su hija o por el hombre en coma.
¡ZAS!
El sonido de la bofetada contra la mejill