El estudio de Seraphina, que antes era un refugio de creatividad y luz, se había transformado en un búnker de sospechas.
Frente a ella se encontraba Elías, un hombre de rostro curtido y ojos que parecían haberlo visto todo.
Era el detective privado que Daniel había localizado bajo cuerda, un experto en "casos enterrados".
—La Clínica San Judas no solo cerró, señora Sinclair —dijo Elías, extendiendo una fotografía en blanco y negro de un edificio victoriano ahora en ruinas—. Fue borrada del mapa