El rugido de los flashes y el clamor de los reporteros a la salida del Palacio de Justicia se sentían como un ataque físico.
Seraphina, contestaba cada pregunta era una aguja clavada en su sistema nervioso, ya al límite por el cansancio y el secreto que latía bajo su pecho.
—¡Señora Sinclair! ¿Es cierto que planea desmantelar la fortuna de su padre? —¡Seraphina! ¿Cómo se siente al ver a la mujer que la crio tras las rejas?
Sintió que el aire le faltaba.
El mareo, ese viejo enemigo de las última