El aire acondicionado del restaurante L'Esprit zumbaba con una discreción aristocrática, apenas audible sobre el suave tintineo de los cubiertos de plata.
Sentados en una mesa apartada, envueltos por la luz tenue de unas velas que parecían consumir el oxígeno con pereza, Chloe y Finn compartían su "cita de compromiso" número cincuenta y dos.
Lo que había empezado como un trámite para mantener las apariencias entre dos familias aliadas se había transformado, con el paso de los meses, en el ritua