El rugido de la tormenta de invierno golpeaba con furia los ventanales de la Torre Blackwood, pero dentro del taller provisional del ala norte, el único sonido era el siseo agónico del soplete de precisión que Seraphina sostenía entre sus dedos temblorosos.
El reloj digital sobre la repisa marcaba las dos de la madrugada.
Habían pasado apenas veinticuatro horas desde su arrolladora victoria técnica sobre Serena en el Salón de Gala del Club Metropol, pero el precio del triunfo fénix estaba cobra