El murmullo del Gran Pabellón de Cristal se extinguió por completo cuando las campanas de la delegación de la Fédération Internationale de la Haute Joaillerie anunciaron el inicio de la evaluación final de las semifinales.
Las luces del recinto descendieron, dejando únicamente dos haces de luz blanca dirigidos sobre las vitrinas de las estaciones finalistas.
La atmósfera estaba cargada de un silencio sepulcral; el aire, impregnado del frío invernal y el aroma a decapantes químicos, vibraba con